¿Qué contiene realmente tu desodorante? Ingredientes que generan preocupación científica y por qué en CISTUS elegimos otra forma de formular

El desodorante es uno de los productos cosméticos que más utilizamos a lo largo de nuestra vida. Lo aplicamos prácticamente a diario, muchas veces sobre una piel recién depilada o con pequeñas lesiones, sin preguntarnos demasiado qué contiene ni por qué.

La realidad es que la legislación europea en materia de cosméticos es una de las más exigentes del mundo. Sin embargo, «legal» no siempre significa «seguro».

La ciencia evoluciona constantemente. Ingredientes que hace veinte años se consideraban seguros hoy están restringidos, limitados o incluso prohibidos. Basta con revisar cómo ha cambiado el Reglamento (CE) 1223/2009 sobre productos cosméticos para comprobar que la normativa se actualiza conforme aparecen nuevos datos científicos.

En CISTUS creemos que el consumidor merece conocer esta información para poder decidir con criterio. No se trata de generar miedo, sino de aplicar un principio muy sencillo: cuando existen alternativas eficaces y con un mejor perfil de seguridad, ¿por qué no elegirlas?

¿Qué diferencia hay entre un desodorante y un antitranspirante?

Antes de hablar de ingredientes, conviene aclarar un concepto que suele generar confusión.

Un desodorante ayuda a controlar el olor corporal actuando sobre las bacterias responsables de su aparición.

Un antitranspirante, además, reduce la cantidad de sudor que llega a la superficie de la piel. Para conseguirlo utiliza habitualmente sales de aluminio que forman temporalmente un tapón en los conductos sudoríparos.

Sudar es un proceso fisiológico normal. La función del sudor no es solo ayudarnos a regular la temperatura corporal, sino también formar parte del equilibrio natural de la piel y del cuerpo.

Sales de aluminio: disruptor endocrino de primer orden

Las sales de aluminio son probablemente el ingrediente más conocido de los antitranspirantes.

Durante años han sido objeto de numerosas investigaciones debido a su capacidad para atravesar la piel, especialmente cuando existe irritación o tras la depilación.

Algunos estudios han observado que determinadas sales de aluminio pueden inducir estrés oxidativo o presentar actividad estrogénica en modelos celulares.

El aluminio penetra y se acumula en el tejido mamario, provocando tres efectos documentados:

  1. Puede alterar el ADN (=mutaciones = cáncer).
  2. Puede producir cambios epigenéticos (= altera la forma en que los genes se expresan).
  3. Produce interferencia hormonal, actuando como disruptores endocrinos metaloestrógenos (interfiere con el mecanismo de recepción de las hormonas estrógeno en tus céclulas, recibiendo en su lugar, el aluminio).

Muchas personas prefieren evitarlo aplicando el principio de precaución, especialmente cuando existen alternativas eficaces que controlan el olor corporal sin bloquear la sudoración.

Parabenos: mucho más que un conservante

Los parabenos llevan décadas utilizándose para evitar el crecimiento de bacterias y hongos en productos cosméticos.

El debate comenzó cuando diferentes investigaciones observaron que algunos parabenos podían presentar una actividad similar, aunque mucho más débil, a la de los estrógenos.

Como consecuencia de la revisión de la evidencia científica, la Unión Europea restringió o prohibió algunos parabenos, mientras que otros continúan autorizados dentro de límites considerados seguros.

Ftalatos: cuando la fragancia esconde mucho más

Los ftalatos se utilizan en diferentes industrias para aportar flexibilidad a determinados plásticos y también pueden encontrarse asociados a algunas fragancias.

Varios ftalatos han sido identificados como disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de interferir en el funcionamiento normal del sistema hormonal.

Debido a ello, algunos de ellos están restringidos o prohibidos en la Unión Europea para determinados usos.

Aunque la exposición procedente de un único producto cosmético suele ser baja, los científicos estudian el llamado efecto combinado o efecto cóctel: la exposición simultánea a múltiples sustancias procedentes del aire, los alimentos, los envases, los productos de limpieza o la cosmética.

Precisamente por este motivo cada vez más consumidores buscan fórmulas sencillas y con el menor número posible de ingredientes controvertidos.

Bisfenoles: un problema que va más allá de la cosmética

Cuando hablamos de bisfenoles solemos pensar en envases plásticos.

El bisfenol A (BPA) ha sido ampliamente estudiado por su capacidad para actuar como disruptor endocrino.

Aunque no es un ingrediente habitual de un desodorante, sí puede estar presente en determinados materiales y envases.

Metales pesados: la importancia de la calidad de las materias primas

Mercurio, plomo, arsénico o cadmio no se añaden deliberadamente a un cosmético moderno.

Sin embargo, pueden aparecer como impurezas naturales de algunas materias primas o por contaminación durante los procesos de producción.

Por eso es tan importante trabajar con proveedores de confianza, exigir certificados de calidad y realizar controles adecuados.

La seguridad de un cosmético no depende únicamente de su fórmula final, sino también de la calidad de cada uno de sus ingredientes.

Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP)

Los HAP son contaminantes ambientales que pueden originarse durante procesos de combustión o aparecer en aceites minerales insuficientemente refinados.

Algunos han sido clasificados como carcinógenos por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC).

No son ingredientes habituales de un desodorante formulado correctamente, pero este ejemplo vuelve a poner de manifiesto la importancia de utilizar materias primas de alta calidad y procesos de fabricación controlados.

Pesticidas organoclorados y alquilfenoles

Aunque hoy en día su presencia en cosméticos está muy limitada o prohibida en muchos casos, estas sustancias forman parte de la historia de la regulación química.

Algunos pesticidas organoclorados son persistentes en el medio ambiente y pueden acumularse en los ecosistemas durante décadas.

Por su parte, determinados alquilfenoles también han despertado preocupación por su potencial actividad como disruptores endocrinos.

Su estudio ha contribuido a que la legislación europea sea cada vez más estricta con este tipo de compuestos.

El efecto cóctel: la gran pregunta pendiente

Uno de los mayores retos de la toxicología moderna no es únicamente evaluar una sustancia aislada.

Es comprender qué ocurre cuando una persona está expuesta durante años a pequeñas cantidades de cientos de sustancias diferentes procedentes de múltiples fuentes.

La investigación sobre el denominado efecto cóctel continúa avanzando y es una de las áreas de mayor interés científico.

Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder, cada vez hay más expertos que defienden la importancia de reducir las exposiciones evitables cuando existen alternativas.

Nuestra filosofía en CISTUS

En CISTUS Cosmética Natural no formulamos desde el miedo.

Formulamos desde la información, el conocimiento y el principio de precaución.

Por eso nuestros desodorantes SOMA y SOMA PURE están formulados sin sales de aluminio, sin parabenos y sin bicarbonato, apostando por ingredientes desodorantes eficaces y respetuosos con la piel.

No creemos que la cosmética deba generar alarma.

Pero tampoco creemos que el consuEl desodorante es uno de los productos cosméticos que más utilizamos a lo largo de nuestra vida. Lo aplicamos prácticamente a diario, muchas veces sobre una piel recién depilada o con pequeñas microlesiones, sin preguntarnos demasiado qué contiene ni por qué.

La realidad es que la legislación europea en materia de cosméticos es una de las más exigentes del mundo. Sin embargo, «legal» no siempre significa «libre de controversia».

La ciencia evoluciona constantemente. Ingredientes que hace veinte años se consideraban seguros hoy están restringidos, limitados o incluso prohibidos. Basta con revisar cómo ha cambiado el Reglamento (CE) 1223/2009 sobre productos cosméticos para comprobar que la normativa se actualiza conforme aparecen nuevos datos científicos.

En CISTUS creemos que el consumidor merece conocer esta información para poder decidir con criterio. No se trata de generar miedo, sino de aplicar un principio muy sencillo: cuando existen alternativas eficaces y con un mejor perfil de seguridad, ¿por qué no elegirlas?

¿Qué diferencia hay entre un desodorante y un antitranspirante?

Antes de hablar de ingredientes, conviene aclarar un concepto que suele generar confusión.

Un desodorante ayuda a controlar el olor corporal actuando sobre las bacterias responsables de su aparición.

Un antitranspirante, además, reduce la cantidad de sudor que llega a la superficie de la piel. Para conseguirlo utiliza habitualmente sales de aluminio que forman temporalmente un tapón en los conductos sudoríparos.

Sudar es un proceso fisiológico normal. La función del sudor no es solo ayudarnos a regular la temperatura corporal, sino también formar parte del equilibrio natural de la piel.

Sales de aluminio: el ingrediente más debatido

Las sales de aluminio son probablemente el ingrediente más conocido de los antitranspirantes.

Durante años han sido objeto de numerosas investigaciones debido a su posible capacidad para atravesar la piel, especialmente cuando existe irritación o tras la depilación.

Algunos estudios experimentales han observado que determinadas sales de aluminio pueden inducir estrés oxidativo o presentar actividad estrogénica en modelos celulares. Estos hallazgos han motivado que la comunidad científica siga investigando sus posibles efectos.

Sin embargo, a día de hoy no existe evidencia concluyente que demuestre que el uso de antitranspirantes con aluminio provoque cáncer de mama en humanos, y las principales agencias científicas consideran que la evidencia disponible no permite establecer esa relación causal.

Aun así, muchas personas prefieren evitarlos aplicando el principio de precaución, especialmente cuando existen alternativas eficaces que controlan el olor corporal sin bloquear la sudoración.

Parabenos: mucho más que un conservante

Los parabenos llevan décadas utilizándose para evitar el crecimiento de bacterias y hongos en productos cosméticos.

El debate comenzó cuando diferentes investigaciones observaron que algunos parabenos podían presentar una actividad similar, aunque mucho más débil, a la de los estrógenos.

Como consecuencia de la revisión de la evidencia científica, la Unión Europea restringió o prohibió algunos parabenos, mientras que otros continúan autorizados dentro de límites considerados seguros.

Este es un buen ejemplo de cómo evoluciona la ciencia: no todos los parabenos son iguales y las decisiones regulatorias cambian conforme aparecen nuevos datos.

Ftalatos: cuando la fragancia esconde mucho más

Los ftalatos se utilizan en diferentes industrias para aportar flexibilidad a determinados plásticos y también pueden encontrarse asociados a algunas fragancias.

Varios ftalatos han sido identificados como disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de interferir en el funcionamiento normal del sistema hormonal.

Debido a ello, algunos de ellos están restringidos o prohibidos en la Unión Europea para determinados usos.

Aunque la exposición procedente de un único producto cosmético suele ser baja, los científicos estudian el llamado efecto combinado o efecto cóctel: la exposición simultánea a múltiples sustancias procedentes del aire, los alimentos, los envases, los productos de limpieza o la cosmética.

Precisamente por este motivo cada vez más consumidores buscan fórmulas sencillas y con el menor número posible de ingredientes controvertidos.

Bisfenoles: un problema que va más allá de la cosmética

Cuando hablamos de bisfenoles solemos pensar en envases plásticos.

El bisfenol A (BPA) ha sido ampliamente estudiado por su capacidad para actuar como disruptor endocrino.

Aunque no es un ingrediente habitual de un desodorante, sí puede estar presente en determinados materiales y envases.

En los últimos años Europa ha ido restringiendo progresivamente su uso en diferentes aplicaciones conforme aumentaba la evidencia científica disponible.

Metales pesados: la importancia de la calidad de las materias primas

Mercurio, plomo, arsénico o cadmio no se añaden deliberadamente a un cosmético moderno.

Sin embargo, pueden aparecer como impurezas naturales de algunas materias primas o por contaminación durante los procesos de producción.

Por eso es tan importante trabajar con proveedores de confianza, exigir certificados de calidad y realizar controles adecuados.

La seguridad de un cosmético no depende únicamente de su fórmula final, sino también de la calidad de cada uno de sus ingredientes.

Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP)

Los HAP son contaminantes ambientales que pueden originarse durante procesos de combustión o aparecer en aceites minerales insuficientemente refinados.

Algunos han sido clasificados como carcinógenos por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC).

No son ingredientes habituales de un desodorante formulado correctamente, pero este ejemplo vuelve a poner de manifiesto la importancia de utilizar materias primas de alta calidad y procesos de fabricación controlados.

Pesticidas organoclorados y alquilfenoles

Aunque hoy en día su presencia en cosméticos está muy limitada o prohibida en muchos casos, estas sustancias forman parte de la historia de la regulación química.

Algunos pesticidas organoclorados son persistentes en el medio ambiente y pueden acumularse en los ecosistemas durante décadas.

Por su parte, determinados alquilfenoles también han despertado preocupación por su potencial actividad como disruptores endocrinos.

Su estudio ha contribuido a que la legislación europea sea cada vez más estricta con este tipo de compuestos.

El efecto cóctel: la gran pregunta pendiente

Uno de los mayores retos de la toxicología moderna no es únicamente evaluar una sustancia aislada.

Es comprender qué ocurre cuando una persona está expuesta durante años a pequeñas cantidades de cientos de sustancias diferentes procedentes de múltiples fuentes.

La investigación sobre el denominado efecto cóctel continúa avanzando y es una de las áreas de mayor interés científico.

Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder, cada vez hay más expertos que defienden la importancia de reducir las exposiciones evitables cuando existen alternativas.

¿Por qué elegimos formular nuestros desodorantes de esta manera?

Nuestra filosofía en CISTUS

En CISTUS Cosmética Natural no formulamos desde el miedo.

Formulamos desde la información, el conocimiento y el principio de precaución.

Por eso SOMA y SOMA PURE están formulados únicamente con ingredientes que nosotros mismos utilizaríamos cada día y recomendaríamos a nuestras familias.

No contienen sales de aluminio.

No contienen parabenos.

No contienen ftalatos.

No contienen bisfenoles.

No contienen perfumes sintéticos.

No contienen alcohol.

No contienen bicarbonato.

No contienen siliconas, aceites minerales ni derivados del petróleo.

No formulamos pensando en llegar al límite de lo que permite la legislación. Formulamos preguntándonos una cosa mucho más importante:

¿Elegiríamos este ingrediente si existiera una alternativa más respetuosa con la piel y con el organismo?

Si la respuesta es no, simplemente no forma parte de nuestras fórmulas.

Sabemos que la legislación cambia porque la ciencia avanza. A lo largo de los años, ingredientes que fueron considerados seguros han terminado siendo restringidos o prohibidos cuando aparecieron nuevas evidencias. Por eso preferimos ser prudentes desde el principio y apostar por fórmulas sencillas, eficaces y transparentes.

No pretendemos decir que toda la cosmética convencional sea igual ni que un único ingrediente determine por sí solo la seguridad de un producto. Lo que sí defendemos es que la exposición diaria y acumulada a determinadas sustancias merece una reflexión, especialmente cuando existen alternativas que funcionan igual de bien.

Nuestra filosofía es sencilla:

Menos ingredientes innecesarios. Más transparencia. Más respeto por tu piel.

Porque creemos que cuidar de ti no debería implicar asumir ingredientes que nosotros mismos no elegiríamos.

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