La vitamina D es esencial para el buen funcionamiento del organismo. Ayuda a mantener huesos y músculos fuertes, participa en el sistema inmunitario, influye en el estado de ánimo y también en los niveles de energía.
Aunque solemos asociarla al sol y pensamos que “con vivir en España ya tenemos suficiente”, la realidad es que muchas personas tienen niveles bajos de vitamina D, incluso en primavera y verano.
Esto ocurre porque pasamos mucho tiempo en espacios interiores, usamos ropa que cubre gran parte del cuerpo, trabajamos bajo techo y muchas veces apenas nos exponemos al sol de forma real.
Además, el déficit de vitamina D no siempre da síntomas claros. Muchas veces aparecen pequeñas señales que confundimos con cansancio, estrés…
1. Cansancio constante y falta de energía
Si te sientes cansadx aunque duermas bien, te cuesta arrancar por la mañana o notas que cada vez tienes menos energía en tu día a día, puede haber muchos factores detrás, pero uno de ellos puede ser un déficit de vitamina D. La vitamina D participa en la producción de energía a nivel celular y unos niveles bajos pueden contribuir a fatiga, agotamiento y sensación de debilidad general.
2. Debilidad muscular o pérdida de fuerza
La vitamina D es muy importante para la función muscular. Cuando está baja, es habitual notar:
- Menos fuerza
- Peor tolerancia al esfuerzo
- Sensación de piernas cansadas
- Dificultad para recuperarse después de hacer ejercicio
- Molestias musculares más frecuentes
Muchas personas notan que “no tienen el cuerpo igual”, que se cansan antes o que les cuesta más subir escaleras, caminar o entrenar.
3. Dolor muscular, articular o de huesos
Otro síntoma bastante frecuente es notar dolor en la zona lumbar, espalda, caderas, piernas o articulaciones sin una causa clara.
La vitamina D ayuda a absorber calcio y fósforo, por lo que es esencial para mantener huesos, articulaciones y músculos en buen estado. Cuando hay déficit, pueden aparecer molestias musculoesqueléticas, sensación de rigidez o dolor generalizado.
4. Defensas bajas o infecciones frecuentes
¿Sientes que coges resfriados constantemente? ¿Te cuesta recuperarte? ¿Parece que nunca estás al 100%?
La vitamina D tiene un papel importantísimo en el sistema inmunitario. Unos niveles bajos pueden hacer que el cuerpo responda peor frente a virus, bacterias e infecciones respiratorias.
5. Caída del cabello más intensa de lo habitual
La caída del cabello puede deberse a muchas causas: estrés, cambios hormonales, postparto, ferritina baja, tiroides, genética…
Pero también se ha visto que unos niveles bajos de vitamina D pueden influir en el ciclo del folículo piloso y favorecer una caída de cabello más intensa o prolongada.
6. Estado de ánimo bajo, apatía o peor descanso
La vitamina D también influye en el sistema nervioso y en la regulación del estado de ánimo.
Cuando está baja, algunas personas notan:
- Más apatía
- Tristeza o bajón anímico
- Menos motivación
- Irritabilidad
- Dificultad para dormir
- Sueño poco reparador
Esto suele ser más frecuente en otoño e invierno, cuando hay menos horas de luz y pasamos más tiempo en interiores.
7. Cicatrización lenta o problemas de piel
La vitamina D también participa en la función barrera de la piel y en los procesos de reparación.
Cuando hay déficit, algunas personas pueden notar que las heridas tardan más en curar, la piel está más reactiva o aparecen más problemas cutáneos.
¿Quién tiene más riesgo de tener déficit de vitamina D?
Hay personas que tienen más riesgo de presentar niveles bajos:
- Personas que pasan poco tiempo al aire libre
- Personas que trabajan en interiores
- Personas con piel más oscura
- Personas mayores
- Personas con obesidad
- Mujeres en menopausia
- Personas que viven en zonas con poco sol en invierno
- Personas que utilizan protección solar continuamente y apenas se exponen al sol
- Personas con dietas muy restrictivas o pobres en vitamina D
¿Qué hacer si crees que puedes tener vitamina D baja?
La única forma de saberlo con seguridad es mediante una analítica de sangre.
Si notas varios de estos síntomas de forma persistente, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud para valorar si tiene sentido revisar tus niveles de vitamina D.
En muchos casos, mejorar la exposición solar, pasar más tiempo al aire libre, cuidar la alimentación o suplementar de forma puntual puede ayudar, pero siempre es mejor hacerlo con supervisión.
El equilibrio es la clave
Ni vivir evitando completamente el sol ni pasar horas tomando el sol sin control.
Una exposición solar progresiva y responsable, junto con una alimentación equilibrada y un buen cuidado de la piel, suele ser la mejor forma de mantener unos niveles saludables de vitamina D.
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